Inicio                       ¡Entérate!                    Serán tus Sacerdotes                   Ayuda al Seminario                  Contactos

José Ernesto Torres Gómez

 

[ VOLVER ]


¿Ser sacerdote yo?

Por: José Ernesto Torres Gómez – Diócesis de Ponce

Esta pregunta me la hice yo por primera vez durante  mi participación de un año y medio en la iglesia episcopal Santísima Trinidad en Ponce. Realmente comencé a sentir que Jesús me pedía algo más, que me entregara más, pero no tenía la idea clara a lo que me estaba llamando. Esta fue la llama inicial que encendió la hoguera de mi curiosidad y llegué a cuestionarme el por qué de la existencia de tantas iglesias cristianas si sólo hay un Dios Creador: para mí era una contradicción total que no cabía en mi razonamiento de adolescente de 12 años de edad.

Fue así que comencé a investigar por mi cuenta en enciclopedias, libros de historia y algún libro católico, y pude descubrir que Cristo había fundado su Iglesia sobre uno de sus discípulos, uno de sus amigos: Pedro. “Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.” Estas palabras de Cristo desaparecieron mi ceguera y me llenaron de una alegría y sed apostólica de querer comunicar a todos mi descubrimiento: ¡qué hermoso fue encontrarme con la Verdad!

Desde ese momento (1995) de encuentro con la Verdad, donde pude saciar mis interrogantes, además el Señor puso en mi vida a Doña Edith Torres Vega (†2000) quien me ayudó y acompañó en mi regreso a la Iglesia Católica: tantas eran mis ganas de aprender más de la fe que en abril del 1996 hice la Primera Comunión: fue hermoso recibir a Cristo, nunca lo olvidaré. De inmediato me incorporé en la Parroquia La Milagrosa como monaguillo. Un año después (1997) realicé la Confirmación, de manos de Mons. Suriñach (†2005) y a los 15 años de edad (1998) comencé a ayudar a mi madrina de Confirmación, Doña Edith, en la catequesis parroquial.

Siempre consideré que mi madrina era una persona sin igual: muy entregada a su fe, tanto en la piedad como en el obrar. Era todo un ejemplo para mí. Ella comenzó a regar aquella semilla que ya tenía. De vez en cuando me proponía la vocación sacerdotal como opción para mi vida, pero siempre me negaba y reconozco que alguna vez me enojé. Ya mi madrina fallecida, continué sirviéndole a la Iglesia en la catequesis, servicio del altar y otras asociaciones parroquiales. Aún en ese momento continuaba en mí la inquietud, pero silenciosa porque no quería despertarla, haciéndome de la vista larga.

Cuando ya creía tener todo solucionado iba a ingresar al Colegio de Mayagüez para estudiar pedagogía, pero cambié de opción por La Católica. Y así, no fue hasta que trabajando como ayudante del Departamento de Filosofía y Teología, el Padre Eduardo Torres Moreno se convirtió, sin yo tenerlo previsto, en un amigo que me ayudó muchísimo con sus consejos, guía espiritual, pero sobre todo, por su modelo de vida sacerdotal tan entregada al servicio de la Iglesia como ella desea ser servida. Él me invitó a los talleres que provee el Seminario Mayor Regina Cleri para discernir el llamado que Jesús me estaba haciendo. Durante el inicio de ese año 2002 me decidí tímidamente a seguir a Cristo, pero el miedo desapareció al participar de una misión en Costa Rica y de la Jornada Mundial de Juventud en Toronto, Canadá.

Allí el Santo Padre Juan Pablo II invitó a los jóvenes que se sentían llamados a la vida sacerdotal que no tuvieran miedo, que remaran mar adentro y se atrevieran a ser sal de la tierra y luz del mundo. Me atreví y con la ayuda incondicional de mis padres, P. Eduardo y los hermanos de la parroquia le dije a Cristo: ¡Aquí estoy, haz de mí lo que quieras!

En la actualidad me encuentro en el primer año de la maestría en teología, agradecido del don que el Señor quiere encomendarme y le pido que lo haga crecer para la mayor gloria suya y salvación de las almas que me encomendará.

Hermano que lees estas líneas, no tengas miedo de compartir la felicidad que yo y mis hermanos seminaristas tenemos por hacer la voluntad de Cristo, porque ser sacerdote es una bendición, ven y verás.

¡No tengas miedo, Dios no quita nada y lo da todo!

Comunícate conmigo: jernestopr@yahoo.com  

 


 

[ Mensaje del Rector ][ Nuestro Seminario ][ Formadores ][ Serán tus Sacerdotes ][ Nos cuentan su Vocación ][ Ven y Verás ][ Nos cuentan su Vocación ][ Año Voc. Sacerdotales ][ Ayuda al Seminario ][ ¡Entérate! ][ Temas Interesantes ][ El Domingo ][ Meditaciones ][ Atrévete a Preguntar ][ Paginas recomendadas ][ Galeríade Fotos ][ Contactos ]