¿MI TESTIMONIO?
Mi proceso vocacional comenzó con una
experiencia que Dios me regaló al conocer un gran Sacerdote, contento,
feliz, natural, Padre y amigo para los jóvenes. Este sacerdote me decía,
sin nunca mencionarme la vocación sacerdotal, más bien con su vida, que
SER SACERDOTE ES UNA BENDICIÓN, VEN Y VERÁS. Siendo un joven de
diecisiete años, ‘‘enamorao’’, con metas, ilusiones; sin estar muy
consciente de lo que hacía ni tan convencido de la fe. Gracias a ti Padre
Roberto, y a tantos sacerdotes queridos, he venido y he visto
que es un camino de libertad, de afirmación gozosa, de felicidad.
Esta experiencia ha sido confirmada con otra en el
Seminario. Se trata de los retiros mensuales que últimamente han sido
predicados por diferentes sacerdotes de las tres diócesis que compartimos el
proceso de formación. Y es que resulta maravilloso el que varios
sacerdotes, relajones,
contentos, a la vez firmes en la verdad, otros serios, pero no tristes, en
fin, hombres naturales, nos dirijan la tarde de reflexión. Y es que
considero que la mejor promoción vocacional la hacen aquellos sacerdotes que
muestran que Ser sacerdotes es una bendición, que dan
testimonio de que Cristo no quita nada y lo da todo. Aquéllos
que sin pronunciar palabra alguna dicen: Ven y Verás. Un
resumen de mi proceso vocacional: SOY FELIZ.
Arnaldo Ortiz Dominicci
Parroquia la Resurrección
Seminarista de la Diócesis de Ponce