Nuestro Seminario

‘‘Subió al monte y llamó a los que él quiso; y vinieron junto a
él. Instituyó Doce, para que estuvieran con Él, y para
enviarlos a predicar’’
(Mc
3, 13-14). Las palabras del evangelista explican nítidamente lo
que es el Seminario: un proceso de formación en torno a Jesús,
el Divino Maestro, de aquéllos que Él ha llamado para hacerle
presente en el mundo. El Sacerdote, siendo otro Cristo, ha de
imitarle en todo. En efecto, Jesús siendo Dios y Hombre
verdadero es modelo supremo de virtudes humanas y
sobrenaturales, por su comunión perfecta con el Padre por el
Amor, que se manifiesta en la obediencia filial a su voluntad.
Nuestro Seminario tiene como fin principal grabar la imagen de
Jesús en nuestros corazones, de modo que, cuando
llegue la hora
de la misión, estar listos para, como Él, dar la vida por la
salvación de los hermanos. Para esto, se fomenta el crecimiento
en las virtudes humanas, mirando la perfecta humanidad de
nuestro Señor. Por otra parte, se propicia un profundo espíritu
de oración y piedad, para ir, cada vez más, impregnándonos de
los mismos sentimientos de Cristo (cfr. Flp 2,5). La vida
espiritual, que gira en torno a Jesús Eucaristía y la acción
del Espíritu Santo, es el motor de la formación; de la mano de
María, guardamos y meditamos en nuestro interior la Palabra de
Dios, para buscar como ella ser siervos del Señor, dejando que
se realice todo según su Palabra en nosotros (cfr. Lc 2,19;
1,38). Por otra parte, puesto que hemos de ser mensajeros de la
Verdad, el estudio es un aspecto fundamental; la formación
intelectual incluye las áreas filosófica, teológica y de
cultura general, de modo que podamos dar razón de nuestra
esperanza adecuadamente adentrándonos en la vida cultural,
política y social que vivimos (cfr. IP 3,15). Y para ir
formando un corazón de pastor, realizamos apostolado en diversas
tareas, ya catequesis, formación de monaguillos, visita a
enfermos y otras. Esto ayuda a tener contacto: con la vida del
sacerdote y las tareas que realizaremos en el ministerio
sacerdotal, con el pueblo y, sobre todo, a afianzarnos en la fe,
puesto que la fe dándose se fortalece. La
pastoral
es el medio para compartir lo contemplado en la oración y lo
aprendido en el estudio.
En
el proceso de formación, o en el proceso de identificación con
Cristo, Buen Pastor, hay un elemento esencial: el ambiente
fraterno. Los compañeros,
los hermanos
seminaristas, constituyen el más importante elemento
formador en el proceso. En la experiencia de fe compartida con
el otro se crece sobremanera en todos los aspectos, además de la
ilusión de saber que junto a este que está a mi lado trabajaré
mano a mano por el bien de la Iglesia. En fin, el Seminario es
un tiempo para darse cuenta que: SER SACERDOTE: UNA BENDICIÓN,
VEN Y VERÁS.