Semana de Oración por las
Vocaciones 2008
Junto
al Papa Benedicto XVI y a la Iglesia universal, hemos celebrado
en nuestra Iglesia de Ponce la Semana de Oración por las
vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, del 13 al 19 de
abril de 2008. Como todos los años, la semana comenzó con la
Jornada Mundial el cuarto domingo de pascua, el domingo del Buen
Pastor. Para esta ocasión el Santo Padre nos invitó a
reflexionar sobre
“Las vocaciones al servicio
de la Iglesia-misión”. En nuestra diócesis de
Ponce las actividades de la semana se realizaron en el
Seminario, corazón de la diócesis (en expresión de nuestro
obispo). Mons. Lázaro dio comienzo a esta semana de solidaridad
eclesial, con una celebración de la Palabra presidida por la
Palabra hecha carne, Jesús Eucaristía. Las parroquias de la
ciudad de Ponce participaron de la misma, donde el obispo
destacó las cualidades del Buen Pastor, Jesús. Estas cualidades
han de caracterizar a todo cristiano, pero, en especial, a
aquellos que le hacen presente mediante su ministerio, los
sacerdotes.
Las actividades
continuaron el martes 15 de abril, con la visita al seminario de
una representación de las parroquias del este de nuestra
diócesis. Se celebró la Eucaristía, la cual fue presidida por
Mons. José Lozano (párroco de San Ramón Nonato de Juana Díaz) y
concelebrada por algunos sacerdotes. El párroco de los Reyes
Magos nos persuadió de una verdad fundamental: o aceptamos la
Luz, Cristo, o las tinieblas de la duda y del desconcierto
reinarán en nuestras vidas. Pues al no dejarnos iluminar por
Jesús no podemos ver nuestra miseria y, por tanto, no nos
reconoceremos indigentes, necesitado de la salvación que sólo
Jesucristo puede dar. Se trata de un don del Espíritu de Santo,
concluía el padre, que hemos de pedir con insistencia.
Concluida la Misa tuvimos el famoso “compartir” puertorriqueño,
que en cristiano llamamos ágape, pues cada parroquia dio
de sí para la realización del mismo.
El jueves se
reanudaron las actividades con la visita de las comunidades del
oeste de la diócesis y los bienhechores del seminario,
encabezados por el neo-sacerdote, P. Carlos Manuel Grullón
Capellán; junto a otros sacerdotes. En esta ocasión el padre
Carlos presidió la Misa, en la cual animó a juzgar menos y amar
más a aquellos que con sus defectos y virtudes son instrumentos
de Dios para nuestra salvación. Con profunda convicción nos
hacía ver que los sacerdotes son tan débiles como todos, sin
embargo, han recibido un gran don en beneficio de todos; don que
tenemos obligación de ayudarles a conservar. El padre Carlos,
quien fue ordenado el pasado 2 de febrero, hizo hincapié en la
importancia de orar y apoyar las vocaciones sacerdotales, pues
las vocaciones nacen de familias y comunidades comprometidas
seriamente con la misión de la Iglesia: hacer presente a
Jesucristo, único salvador del mundo. Al igual que el martes,
concluimos con una confraternización.
En todas estas
actividades se notó el compromiso de muchos hermanos de nuestra
diócesis por la tarea vocacional. La misión confiada por Cristo
es de todos, pero sin duda ha querido también que algunos le
sigan con radicalidad para dar testimonio de los valores
eternos. Todos tenemos, como bautizados, la responsabilidad de
colaborar al aumento y perseverancia de las vocaciones: mediante
la oración, el ofrecimiento de la propia vida, y según el modo
en que el Espíritu nos sugiera. En efecto, nos dice el papa
Benedicto XVI: “Las vocaciones al sacerdocio ministerial y a
la vida consagrada sólo florecen en un terreno espiritualmente
bien cultivado. De hecho, las comunidades cristianas que viven
intensamente la dimensión misionera del ministerio de la Iglesia
nunca se cerrarán en sí mismas. La misión, como testimonio del
amor divino, resulta especialmente eficaz cuando se comparte
«para que el mundo crea» (cf. Jn 17, 21). El don de la vocación
es un don que la Iglesia implora cada día al Espíritu Santo.
Como en los comienzos, reunida en torno a la Virgen María, Reina
de los Apóstoles, la comunidad eclesial aprende de ella a pedir
al Señor que florezcan nuevos apóstoles que sepan vivir la fe y
el amor necesarios para la misión” (Mensaje del Papa para la
Jornada de Oración por las Vocaciones, 8).
Por: Arnaldo Ortiz Dominicci, Seminarista de la Diócesis de
Ponce