Por: José Gustavo Torres Vega
Seminarista de la
Diócesis de Mayagüez

“La vocación es ante todo un don de Dios: no es
elegir, sino ser elegido; es respuesta a un amor que precede y acompaña.
Para quien se hace dócil a la voluntad del Señor la vida se convierte en un
bien recibido, que por su naturaleza tiende a transformarse en ofrenda y
don” (Juan Pablo II) Como bien dijo el siervo de Dios Juan Pablo II la
vocación es un llamado que recibimos del Señor para cumplir un plan que
tiene preparado para nosotros. La vocación sacerdotal es un don que el
Señor regala a quienes quiere y, ciertamente, quienes le responden son
bienaventurados. Ser
sacerdote es ser “alter Christus” (otro Cristo) en la Tierra. “El es el que
proclama con autoridad la Palabra de Dios; renueva sus gestos de perdón y de
ofrecimiento de la salvación, principalmente en el Bautismo, la Penitencia y
la Eucaristía” (Benedicto XVI). ¿Qué se necesita para ser sacerdote? Es
bien sencillo, ser un buen cristiano. Un cristiano que ame a los demás
hasta el extremo de dar la vida si es necesario, siempre siguiendo el
ejemplo de Jesucristo sumo y eterno sacerdote. Si sientes la llamada del
Señor para tan sublime vocación no tardes en recurrir a un sacerdote para
que te ayude a discernir sobre el mismo. Te exhorto a que no tengas miedo,
responde a su llamada y lánzate a remar mar adentro porque Dios no quita
nada y lo da TODO.