La alegría de
encontrar la voluntad de Dios en medio de la juventud
La juventud actual se ve sumergida en un mundo de tanto ruido y
desesperación, que no logra escuchar el susurrar de Dios, que
les habla, y los llama a convertirse. En nuestra sociedad vemos
cómo las personas se llenan la boca diciendo que no hay remedio
para los jóvenes, sin embargo, están muy equivocados, sí, hay
quienes hacen la diferencia y no están perdidos. “Dios no quita
nada, él lo da todo”, exclamó el Papa Benedicto a inicios de su
pontificado y hoy en mi corazón hacen eco estas palabras, porque
los jóvenes, algunas veces, piensan que seguir a Jesús implica
dejar de escuchar música, estar de rodillas todo el día, no
hablar de cosas que no sean referentes a Dios, a la Virgen, a
los santos. En realidad, se equivocan, seguir al Divino Maestro
significa santificar cada momento de la vida, si estás en la
playa, que sea para deleitarte y disfrutar de las hermosuras que
Dios te regala, si escuchas música que sea para dar gracias a
Dios por esas melodías hermosas que inspira a los compositores,
siempre y cuando sean canciones con una letra auténtica, si
estás en una fiesta que sea para dar ejemplo de que en ti reside
un Dios vivo y verdadero. Escribo esto debido a que, al observar
la realidad de nuestra isla, me doy cuenta de cómo este
bombardeo los aleja de encontrarse con este Dios que es
totalmente Amor. También les ocurre que piensan que Dios es
aburrido, que simplemente lo que sale de Él es no, no, no, que
cuando decidan seguirle la sonrisa se tiene que disipar de sus
labios, y es todo lo contrario, en el momento que se convenzan a
seguirle es que esa sonrisa comenzara a brillar y a tener
sentido, y sabrán que Dios es la fuente de la alegría. Mi
llamado es claro, y se dirige en estos momentos a los jóvenes,
no tengan miedo de preguntarse: ¿para qué estaré yo en el mundo?
¿Que puedo hacer? En el momento que descubras el camino que Dios
tiene trazado para ti te darás cuenta que vale la pena dejarlo
todo para seguirle.
Se necesitan jóvenes dispuestos a decirle al Señor, ¡aquí estoy
para hacer tu voluntad!, aun cuando el temor intente opacar esa
voz dulce que nace en la intimidad: ‘‘No temas, yo estaré
contigo todos los días hasta el final de los tiempos” (Cfr. Mt
28, 20). Responder a la invitación de Dios implica abandonarse
en sus brazos y estar decidido a que sea Él y solo Él quien
decida el rumbo de tu vida. A la vez que tengas la valentía de
afrontar este reto personal podrás encontrarle sentido a tu
vida. En la sociedad vemos tantos divorcios, abusos, personas
infelices y sería bueno preguntarse si esas personas en algún
momento se atrevieron a decir: ¿Dios mío que quieres de mí? La
juventud hay que aprovecharla, es tiempo bendito, es necesario
saber que aunque hagamos muchísimas cosas, si nos falta Dios,
nos sentiremos incompletos e insatisfechos. Solo Él le puede dar
sentido a tu vida, ábrele las puertas de tu corazón, que lo que
Él te ofrece es “vida y vida en abundancia” (Jn 10, 10). En
definitiva, joven, mi anhelo y en especial el de Jesús es que
encuentres el camino que Él tiene trazado para ti, sin importar
lo que digan; ya sea matrimonio, soltería, vida consagrada o
sacerdocio, afróntala con alegría y júbilo en tu interioridad,
porque en ella es que serás feliz. Convéncete que nadie en el
mundo desea que seas infinitamente afortunado como lo quiere
Dios, por tanto, si Dios te llama a dejarlo todo y a seguirle,
aunque nadie te apoye, lánzate a la misión, porque es Dios quien
manda en el corazón del ser humano. Joven, que deseas colaborar
para la edificación de un mundo más humano, donde reine el Amor
como polo principal, atrévete a responder a esta invitación que
te hace Dios: “rema mar adentro” (Lc 5, 4) para ir en contra de
la falsedad y el engaño que brinda el mundo. La pesca será
abundante en la medida que cumplas con la voluntad del que te
está llamando a “proclamar la buena noticia a toda criatura” (Cfr.
Mc 16, 15). Voy a ti, ¡TÚ PUEDES!
Por: Gabriel Alonso Sánchez, Seminarista de la Diócesis de
Arecibo