Edificados sobre
Roca firme
Este nuevo semestre lo hemos
iniciado con un retiro, y es muy interesante cómo antes del
mismo el Rector nos hizo un llamado a comenzar desde el
principio a construir sobre Roca Firme, o sea, sobre Cristo
Jesús. Luego de esto el Director Espiritual del seminario, padre
Julio Rolón nos habló exactamente de eso: por medio de la
obediencia debemos construir sobre Cristo, para así estar
dispuestos a dar incluso la vida como lo hizo el Maestro. Esta
tarde de retiro nos ayuda a volver a centrar nuestras vidas en
el llamado que Dios nos ha dirigido a cada uno en particular.
Por otra parte
pudimos compartir durante esta época con nuestros familiares y
amigos y evangelizar allí donde Dios lo quiso. Ahora volvemos al
hogar que el Padre regala a los que llama al sacerdocio, el
seminario, lugar de encuentro diario con el Señor, ya sea en el
Sagrario, en el hermano, en el estudio o en nuestro trabajo
pastoral.
Meditábamos cómo Jesús ensalza al que, aunque al principio, se
haya negado a la convocación del Señor, luego va y hace con
alegría lo que le había pedido el Señor. Es ahí donde se
encuentra el auténtico discípulo de Jesús, porque nos podemos
oponer al llamado de Dios, pero su fuerza puede más que la
nuestra. Entrar en el seminario exige desprenderse de sí mismo
para montarse en la barca, que es la Iglesia, y remar mar
adentro junto al pueblo de Dios que lucha por alcanzar la
salvación. A medida que va pasando el tiempo puede surgir la
tentación de pensar que ya estamos dentro, y, por tanto, podemos
continuar solos. Sin embargo Jesús nos llama a edificar siempre
sobre Él, para cuando sople el viento y vengan las tempestades
podamos perseverar. Vienen a mi mente unas palabras de san
Josemaría Escrivá de Balaguer: “comenzar es de todos;
perseverar, de santos”.
El
domingo pasado en la Fiesta de san Juan Bautista, el precursor
del Señor, veíamos como Juan ante el mandato del Señor que le
pide que lo bautice, en un primer instante se niega, diciendo:
“soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí? (Mt
3, 14). Sin embargo, luego que el Señor le dijese que era
necesario cumplir la voluntad de Dios, no se opuso e hizo lo que
Jesús le pedía. De igual forma nosotros. Aunque no entendamos
muchas cosas, nuestro deber es poner en práctica la voluntad de
Dios, no importa cual sea, aun sin entenderla, sin saber qué es
o qué ocurrirá después.
También
el padre Julio nos recordaba que Dios nunca nos abandona y traía
a colación la escena de los discípulos cuando se encuentran en
la barca, que se estaba hundiendo, y Jesús dormía. Ellos se
desesperaron, como también nosotros, y llaman al Señor para que
vele por ellos y vea lo que ocurre. Así ocurre con el que el
Señor llama, en ocasiones nos sentimos abandonados; en cambio el
Señor está ahí velando y cuidándonos siempre. Esto es así y no
debemos tener miedo. En la Sagrada Escritura continuamente se
observa como Dios dirige su Palabra: “No tengas miedo”, y de
igual forma susurra a los que le hemos respondido temblorosos y
espantados ante tan gran Misión.
Aquí
estamos para continuar este camino al lado del Padre
todopoderoso que nos ha cogido de su mano (Is 42, 6) y nos
conduce hacia sí, hacia la felicidad, la plenitud, en especial,
hacia su propio Amor.
Continúen orando por nosotros y así cumplimos juntos con el
mandato del Señor: “oren los unos por los otros”. Estamos muy
agradecidos y necesitamos realmente de la oración del pueblo
santo de Dios.
Por: Gabriel Alonso Sánchez, seminarista de la
Diócesis de Arecibo