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Tema: El Espíritu Santo, ¿desconocido o no?

Por: Gerardo Eugenio Caraballo Galindo, Seminarista- Diócesis de Mayagüez

 

Para los cristianos de hoy, la Persona del Espíritu Santo se ha convertido en la más difícil de conocer de la Santísima Trinidad. Tan difícil de conocer que recibió el apelativo: "El Gran Desconocido". Descubrimos quién es la Tercera Persona por lo que el Espíritu hace. Nuestro nacimiento sobrenatural y el primer baño son lo que hace el E.S. El E.S. nos ayuda a reconocer y a llamar a Dios PADRE. (Rom 8,16).

El E.S. es madre también. Ya que lo que una madre hace en el plano natural, lo cumple el Espíritu Santo en el ámbito sobrenatural. (Rom 8,22). San Metodio de Olimpo llamó al Espíritu Santo la "costilla del Verbo", el principio increado de maternidad.

Sobre la maternidad del Espíritu Santo, nos decía San Maximiliano María Kolbe que María Santísima era icono o réplica creada del E.S., ya que María fue creada para que mediante su maternidad virginal, mostrase la presencia del E.S. en ella. María es quien abre nuestra visión a la vida eterna del Espíritu, incluso cuando manifiesta el Cuerpo al que da vida el Espíritu: la Iglesia. La maternidad de María es místicamente una con la de la Iglesia y con la del Espíritu.

La labor del Espíritu es reproducir la vida de Cristo en nosotros. Si descuidamos al Espíritu, descuidamos a Cristo también. (Jn 16, 7.13). El Espíritu «clama» y se manifiesta como una persona que se expresa con gran intensidad. Él hace resonar en los corazones de los cristianos la oración que Jesús mismo dirigía al Padre (Cfr. Mc 14, 36) con amor filial. El Espíritu Santo es Aquel que hace hijos adoptivos y da la capacidad de la oración final. Él es el directo autor de la santidad de las almas. Él es la Fuente del amor y de la oración, en la cual se expresa el don de la divina «adopción» del hombre, su presencia en las almas es la prenda y el comienzo de la vida eterna. 

Necesitamos cultivar nuestra devoción al E.S. de manera que el Espíritu ya no siga siendo el Gran Desconocido para nosotros. Esto requerirá un estudio profundo y una oración más intensa. Solo así seremos capaces de vivir la trinidad y unidad de Dios en nuestra vida cotidiana.

 

 

 

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