El Dios de los gorditos,
flaquitos, feitos y bonitos
Es impresionante ver como nuestro Padre del cielo nos quiere a
todos tal y como somos. He titulado este artículo de esta
manera, porque para Dios no existen estas diferencias que
nosotros atribuimos a cada persona, sino que para Él somos todos
sumamente especiales y únicos. Es necesario saber que Dios nos
ama y no importa lo que digan Él nos ha regalado la vida, las
cualidades, virtudes, todo, y por ello debemos estar
agradecidos. Nada de lo que tenemos es porque nos lo merecemos,
es un regalo de Dios para poder vivir alegremente. Vamos a ser
personas desgraciadas si pasamos la vida envidiando lo que posee
el otro, buscando la manera de ser como tal o cual persona,
cuando en realidad lo que hay que hacer es dar gracias a Dios
por quien soy, lo que tengo y lo que no tengo. Él, que nos ha
regalado estar en este mundo precioso nos ha puesto a nuestro
alcance tantas maravillas, sin embargo, no las disfrutamos, nos
quedamos contemplando en el mundo de bobby cómo podré ser mejor.
Nos pasa que si somos flacos queremos ser gordos y viceversa, si
tenemos el pelo lacio nos gustaría tenerlo rizo, si tenemos ojos
negros quisiéramos tenerlos azules, si somos blancos desearíamos
ser trigueños y así sucesivamente; no nos conformamos con lo que
el Señor nos da, sino que creamos en nuestra imaginación una
imagen perfecta como si fuéramos dueños y señores de la vida. En
el instante en que nos detengamos y nos encontremos con nosotros
mismos y veamos la hermosura, Cristo, que reside en lo profundo
de nuestra alma, entonces dejaremos los complejos y boberías que
impiden que seamos felices. Al meditar esta realidad me da
mucha satisfacción, porque ante la presencia de Dios no hay
distinciones, sino que solo brilla la belleza del corazón. Por
tanto, si somos gorditos, bajitos, bonitos, feitos, flaquitos
entre otras, demos gracias a Dios, porque en definitiva, Él nos
quiere como somos y no como deseamos ser. Cuida primero que nada
tu interior, tu comunión con Dios sirviendo a los semejantes, y
no observes tus cualidades externas como foco principal; aunque
en verdad es importante cuidarse y velar por la salud no es lo
primordial. ¡Demos gracias Dios por la vida y amémonos unos a
otros como Cristo nos ha amado! Fuera las críticas, engaños e
insultos a nuestros hermanos.
Por: Gabriel Alonso Sánchez, seminarista de la
Diócesis de Arecibo