Tema: ¿Crees en el Resucitado?
¡Que se te note!
Por: Gerardo Eugenio Caraballo
Galindo, Seminarista- Diócesis de Mayagüez
“¿Porqué buscáis entre los
muertos al que vive? Él no esta aquí, HA RESUCITADO”.
Este anuncio dado por el ángel a las mujeres en la mañana de
Pascua hace más de 2000 años, vuelve hoy a resonar en el
corazón del hombre de hoy. ¿Porqué seguimos buscando entre
los “muertos” de nuestra sociedad al que es la Vida? Esos
muertos de la sociedad son: el placer, el poder, el orgullo,
la vanidad ,el dinero, la fama, entre muchos otros. Nos
perdemos en ese laberinto, en ese cementerio lleno de
muertos.
Pero Jesús Resucitado sale a
nuestro encuentro, en ese camino, como a los discípulos de
Emaús; nos explica las Escrituras y parte el Pan. Y es en
ese momento que decimos: ES VERDAD, HA RESUCITADO EL SEÑOR.
Por tanto, el encuentro con el Resucitado nos lleva al
testimonio. Por ello, pidámosle a Jesús Resucitado la gracia
de resucitar con Él gloriosamente y que siempre seamos
testigos valientes y audaces de su Resurrección. Porque
nosotros buscamos, creemos, amamos y seguimos no a un Dios
muerto, sino a un DIOS VIVO.
Termino esta reflexión
con estas palabras del biemanmado Siervo de Dios, el Papa
Juan Pablo II “El Grande” que nos iluminan el sentido de
este misterio: “En
el camino de nuestras dudas e inquietudes, y a veces de
nuestras amargas desilusiones, el divino Caminante sigue
haciéndose nuestro compañero para introducirnos, con la
interpretación de las Escrituras, en la comprensión de los
misterios de Dios. Cuando el encuentro llega a su plenitud,
a la luz de la Palabra se añade la que brota del «Pan de
vida», con el cual Cristo cumple a la perfección su promesa
de «estar con nosotros todos los días hasta el fin del
mundo» (cf. Mt 28,20).
(...) Los dos discípulos de Emaús, tras haber
reconocido al Señor, «se levantaron al momento» (Lc 24,33)
para ir a comunicar lo que habían visto y oído. Cuando se ha
tenido verdadera experiencia del Resucitado, alimentándose
de su cuerpo y de su sangre, no se puede guardar la alegría
sólo para uno mismo. El encuentro con Cristo, profundizado
continuamente en la intimidad eucarística, suscita en la
Iglesia y en cada cristiano la exigencia de evangelizar y
dar testimonio.”.