XI DOMINGO DEL
TIEMPO ORDINARIO
Celebramos el undécimo domingo del tiempo Ordinario y el Señor,
a través de su palabra, nos presenta la imagen de la mies. A
primera vista, podemos comparar dicha imagen con las tierras de
los campos. Muchas veces, el trabajo era tal que muchas tierras
se abandonaban si no había quien sembrara la semilla o recogiera
los frutos. Es así como Jesús, utilizando esa imagen de la vida
cotidiana, nos quiere decir hoy día que en el campo de la
Iglesia hay mucho qué hacer y pocos los que se deciden en
trabajar por ella. Aún así, como en los primeros tiempos, Jesús
continúa llamando jóvenes en los cuales la Iglesia se renueva a
través de los tiempos. Invita a jóvenes que, como los Apóstoles
al ser llamados por Jesús, respondan con un sí generoso a su
llamada.
Jesús se da cuenta de que nosotros, “su pueblo y ovejas de su
rebaño” (Sal. 99), estamos necesitados de pastores que nos guíen
por el camino de la salvación. Como hizo con sus discípulos, nos
invita a la oración, para que haya siempre obreros en la mies
del Señor. Es por tanto deber de todo cristiano no dejar de
rogar al dueño de la mies que envíe trabajadores que “trabajen
de sol a sol”. Es deber de todos orar para que en cada rincón
de nuestra Isla se promuevan las vocaciones al sacerdocio y a la
vida consagrada. Por lo tanto, acudamos al Señor para que, de
las familias cristianas, surjan jóvenes decididos que se lancen
el reto de escuchar y aceptar la llamada del Señor. No dejemos
dejar de mostrarles a la juventud la estupenda y alegre
propuesta vocacional. Al contrario, ayudemos y acompañemos a
discernir su vocación, para que respondan con un sí firme y
generoso, porque como nos dice el Santo Padre Benedicto XVI: “Cristo
no quita nada, sino que lo da todo”.
Por: Arturo Ramos Ramos, Seminarista-
Diócesis de Ponce