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Solemnidad: El Cuerpo y la Sangre de Cristo

 

            ¡Nos diste Señor el pan del cielo, que encierra en sí todo deleite! (Salmo 78,24) Esta exclamación gozosa y agradecida que brotó de los labios del pueblo de Israel que peregrinaba por el desierto en pos de la tierra prometida, se convierte en fuente de contemplación para el nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, en su peregrinar que tiene como destino el cielo.

 

            Aquel pan que comieron los peregrinos del éxodo pretendía saciar el hambre corporal que sufrían en el momento. Por eso aunque comieron de él, murieron (Jn 6, 58). Sin embargo, Cristo Jesús, el Pan Vivo que ha bajado del cielo, nos entrega su Cuerpo y Sangre como alimento, para que comiendo de Él nunca más pasemos hambre (Jn 6, 35) y así vivamos para siempre (Jn 6, 58).

 

            La celebración del “Corpus Chisti” nos regala la oportunidad valiosa para examinar como cristianos e Iglesia si nuestro peregrinar por el desierto del mundo está siendo sustentado y alimentado por el Pan Vivo que ha bajado del cielo o, como aquellos primeros seguidores de Cristo, estamos buscando y trabajando sólo por el sustento que perece. Nuestra sociedad nos presenta criterios, principios y estilos de vida donde lo temporal prevalece sobre lo eterno, lo fácil e inmediato suplanta la esperanza, lo material impera sobre lo invisible, y lo carnal domina al espíritu. De aquí, que inclusive el cristiano piense no necesitar de Dios, de su Palabra, de su gracia, del Cuerpo y Sangre de su Hijo. De cierta manera se repite aquella afirmación de Jesús en su discurso del Pan de Vida: “Es el espíritu quien da vida y la carne no vale nada. Pero hay algunos de ustedes que no creen” (Jn 6, 63-64)

 

            Como los apóstoles pidamos hoy al Señor con conciencia humilde y confianza: “Señor, creemos pero aumenta nuestra fe”. Que en el Cuerpo y la Sangre del Señor reconozcamos y contemplemos todo el bien de la Iglesia, el tesoro de nuestra salvación y el alimento que sacia nuestra hambre de vida, salvación y felicidad. Hoy con Simón Pedro profesamos  nuestra fe en Jesús Eucaristía: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros hemos creído y reconocemos que tú eres el Mesías de Dios” (Jn 6, 68-69).

 

Por: Monseñor Elías Salvador Morales, Rector del Seminario

 

 

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