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¡NO TENGAN MIEDO!

 

Continuando con el discurso misionero que iniciamos el domingo pasado, Jesús al pedir obreros que trabajen incansablemente por el Reino de Dios, les dice a los suyos para animarles: “no tengan miedo a los hombres… que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma”. Precisamente porque en la vida de cristianos hemos de pasar muchas contradicciones y dificultades que nos vienen de dentro como de afuera de nosotros mismos. Anunciar el Evangelio hoy día no es nada fácil porque resulta ser chocante contra los intereses y los valores que promueve este mundo. Jesús no nos prometió que todo nos saldría bien y fácil, al contrario, nos aseguró que tendríamos dificultades, porque los discípulos no pueden tener mejor suerte que el Maestro. Pero, es importante que no nos cansemos, ni nos avergoncemos de dar testimonio de Cristo. Es necesario seguir anunciando, en lo escondido y a plena luz, a los cercanos y a los lejanos, la buena noticia de la salvación que Dios nos ofrece.

 

El profeta Jeremías es un vivo ejemplo para aquellas personas a quienes les toca sufrir en esta vida, pero que tienen su confianza puesta en Dios y siguen adelante su camino. Él fue llamado por Dios a ser profeta cuando apenas tenía veinte años. Sin embargo, es el modelo de una persona que vivió intensamente la vocación profética y se afianzó de su fe para no perder la esperanza y seguir confiando en Dios. Él pudo decir al igual que San Pablo “sé de quien me he fiado”, “el Señor está conmigo, como fuerte soldado”.

 

El mejor ejemplo no lo tenemos ni en Jeremías ni en Pablo, sino en el mismo Jesús. Él fue objeto de contradicciones hasta acabar en la cruz, pero nunca cedió ni se desanimó sino que siguió anunciando y denunciando, a pesar de saber las consecuencias que le iba a traer. Pero, así salvó a la humanidad y fue elevado a la gloria de la resurrección. Hermanos, no tengamos miedo de ser cristianos comprometidos con el Evangelio. No tengamos miedo de seguir las palabras del Evangelio, de dar testimonio de nuestra fe y de anunciar la Buena Noticia al mundo en que vivimos. Confiemos en la Providencia de Dios que está siempre en las circunstancias más insignificantes de la vida. Si no se descuida ni siquiera de un pájaro, ¿podrá olvidarse de nosotros sus hijos expuestos a peligros por su amor? No tengan miedo, porque siempre estará con nosotros.

Sólo a una cosa tendríamos que tener miedo: a defraudar a Cristo Jesús en nuestra vida. Pidámosle al Señor, que nos conceda vivir siempre en el amor y respeto a su santo nombre, porque jamás deja de dirigir a quienes establece en el sólido fundamento de su amor.

 

Por: Luis Miguel Ortiz Pérez, Seminarista de la Diócesis de Ponce

 

 

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