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Entrevista a Mons. Félix Lázaro Martínez, Sch.P., Obispo de Ponce
“Vivan como hijos de la luz: en Bondad, Justicia y Verdad” Ef. 5, 8-9
PONCE, jueves, 10 de febrero de 2011 (www.reginacleri.com). – Se ofrece a continuación la entrevista concedida a Arturo Ramos y Juan M. Colón, seminaristas, en la cual el Sr. Obispo relata su experiencia como monaguillo con ocasión de la Concentración de Servidores del Altar de la Diócesis de Ponce.
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mons. félix: Primeramente un saludo a todos y cada uno y cada una de los monaguillos y monaguillas en este día tan especial de la Concentración de Servidores del Altar de la Diócesis de Ponce. Decirles que Jesús les quiere mucho. El Papa los llama a ustedes nada menos y nada más que a ser amigos de Jesús.
seminarista: ¿Monseñor, a qué edad comenzó a ser monaguillo? ¿Quién le animó a serlo? mons. félix: Yo fui monaguillo, y empecé desde muy temprano, que yo recuerde desde los seis años. Servía en el Colegio de Escolapios en Logroño, España que quedaba de mi casa más o menos a un kilómetro. Todas las mañanas madrugaba bastante para ir a ayudar a Misa a los Padres. Más tarde se me unió otro hermano mío, parecíamos dos taponcitos caminando. La gente nos miraba sobre todo los días de lluvia y de nieve, porque a veces nevaba. Éramos la admiración de la gente. Era el tiempo en el que la Misa se celebraba de cara al Altar. Por lo tanto, no había entonces concelebraciones porque éstas se instalan a partir del Concilio Vaticano II, así que cada sacerdote celebraba Misa en su propio Altar.
En el Colegio había un total de veintidós a veinticuatro sacerdotes en aquel tiempo, por lo que eran muchas las Misas que había que decir. Había cuatro altares laterales y un altar principal. Así que ayudábamos una Misa seguida a la otra: nos tocaban ayudar dos y tres Misas. Desde esa edad hasta que entré en el Postulantado, que fue a los trece años se puede decir que todos los días servía en el Colegio como monaguillo.
seminarista: ¿Qué dificultades se encontró para realizar este servicio? ¿Cómo ésas dificultades le ayudaron a descubrir su vocación sacerdotal? mons. félix: En mi tiempo como monaguillo más bien había dificultades como consecuencia de la Guerra que habían sufrido los españoles del ’36 al ’39. La religión se presentaba libremente, se defendía. En mi casa me apoyaban muchísimo tanto mis padres como mis hermanos y en el colegio recibía muestras de apoyo y de cariño. Éramos varios, un grupito de monaguillos el que todos los días asistíamos a ayudar a los Padres y a veces hasta nos peleábamos para ver quién servía a quién pues era sólo un monaguillo por sacerdote. Les cuento que como era en el tiempo en el que la Misa se decía de cara al altar, había cinco Altares, por lo tanto eran cinco Misas celebrándose simultáneamente. Cuando llegábamos a la sacristía ya había otros Padres esperando para salir y el que llegaba primero salía con el que primero que estaba esperando por lo que servíamos dos y tres Misas cada día.
seminarista: ¿Recuerda alguna anécdota de cuando era monaguillo? mons. félix: Bueno… (se ríe) A veces cometíamos algún disparate y nos entraba la risa y no podíamos seguir sirviendo. Además, en una ocasión al entrar en la sacristía el Padre se cayó, ¡imagínate la risa de los monaguillos! No obstante nos entendíamos bien como monaguillos a pesar de las peleitas que teníamos: “Quiero ayudar a tal Padre! A mí me gusta tal otro! pues siempre había Padres que decían la Misa con más fervor que otros y siempre como niños comentábamos.
seminarista: ¿Durante la Misa, qué le impactaba más del sacerdote? mons. félix: Como he dicho, había sacerdotes que eran muy fervorosos y ese recogimiento y fervor que mostraban te impactaba como niño. Viendo a los Padres celebrando Misa, a veces me imaginaba celebrando Misa. Esto lo hacía muy calladito (se ríe). Yo me veía elevando la Hostia, elevando el Cáliz, me imaginaba hablando… Ciertamente encontré un ejemplo en los sacerdotes que componían aquella comunidad y que nos querían. Era un cariño mutuo: nosotros admirábamos a los Padres y ellos cuidaban de nosotros.
seminarista: Ya que nos ha contado anécdotas de cuando era niño y joven… Nos puede contar alguna anécdota de cuando fue nombrado Obispo de Ponce que le haya impactado. mons. félix: La primera anécdota la recuerdo cuando me anunciaron que había sido nombrado Obispo; me dijeron que no se lo podía decir a nadie, bajo “Secreto Pontificio”. Pregunté si se lo podía decir a mi superior y me dijeron que ni siquiera a mi superior que ya se lo comunicaría el Delegado Apostólico. Que me pusiera de acuerdo con el Obispo que entonces era Monseñor Suriñach y él me daría instrucciones.Y recuerdo que subiendo desde la Universidad Católica hasta el Obispado en una ocasión, un deambulante me pidió limosna y yo le respondí con gestos que no tenía nada para darle; pero él insistía hasta que bajé el cristal, y entonces me dijo: “¡Pero un saludo por lo menos se da a una persona!” y pensé: “Ésta es la primera lección recién nombrado Obispo que recibes de un deambulante”. Desde entonces puedo decir que trato mejor a los deambulantes. Me he dado cuenta que detrás de ellos hay un ser humano, una persona. Y puedo decir que es anecdótico, porque los encuentro a veces muy corteses, muy amables contra lo que la gente piensa. Aquella anécdota fue toda una lección.Otra anécdota tuvo lugar la víspera del día de mi nombramiento. Me había llamado para aquel entonces la Presidenta de la Católica, para decirme que había una reunión en el Obispado. Yo era Decano del Colegio de Artes y Humanidades, y le dije: “¿Qué hay una reunión?, y ¿para qué?” Me respondió que no sabía para qué era. Yo le dije que ya miraría a ver qué podía hacer, que trataría de ir (se ríe). Al día siguiente la Presidenta me dijo: “¡Me engañó!” A lo que le respondí: “No, sólo le dije que miraría qué podía hacer, que trataría de venir y aquí estoy.” (se ríe)
seminarista: ¿Puede dar algunos consejos a los monaguillos y monaguillas para comprender mejor si el Señor les llama a seguirlo tanto en la vida sacerdotal como en la vida consagrada?
mons. félix: Decirles primero que se sientan amigos de Jesús porque Jesús es Amigo de ellos. La iniciativa parte de Jesús. Están sirviendo al Rey de Reyes, al mejor Señor de los Señores y que es un privilegio el que tienen de servir al Altar y que esa cercanía con Jesús les debe llevar a ser mejores hijos, mejores estudiantes, mejores compañeros. Sobre todo les invito a amar y estimar cada vez más la Eucaristía ya que están sirviendo en el Altar y tienen el privilegio de servir tan cercanos al Altar. Que sirvan siempre con mucha atención, con mucha devoción y con mucha dignidad. Que sean conscientes de que están realizando una gran obra.
seminarista: ¿Qué exhortación puede darle a los padres y familiares de estos jóvenes?
mons. félix: Que merece la pena que sus hijos sean monaguillos porque es educarles en la fe, además de la educación que puedan recibir en la casa o en la escuela, esa educación en la fe ayuda a que crezcan y se desarrollen con una visión del hombre no sólo material sino también espiritual que a veces es donde se falla. Yo les exhortaría a que no sólo permitan que sus hijos sean monaguillos, sino que los acompañen porque ciertamente la presencia de sus padres es un estímulo para ellos y creo que de esa presencia se benefician los padres y los monaguillos. Estoy convencido de que merece la pena de que fomenten y permitan que sus hijos sirvan en el Altar porque es ponerlos en el camino del bien y cuando uno está en el camino del bien, se tienen más garantías de hacer el bien que el que va por el camino del mal.
+¡Que Jesús les bendiga y que pasen un día muy feliz!
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