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Reunidos pero desunidos
Hace un tiempo fui a un restaurante donde ofrecen el servicio de Internet inalámbrico (Wi-Fi), y quedé sorprendido con la capacidad que tenemos los seres humanos de estar reunidos pero desunidos. En la mesa de enfrente había cinco personas de las cuales cuatro tenían su computadora portátil y la estaban usando. Me pregunté, ¿por qué vienen juntas a comer?, con lo precaria que está la situación económica, se hubieran ahorrado unos chavitos si cada una comía en su casa, pues a fin de cuentas poco o nada estaban compartiendo entre ellas. La tecnología nos ofrece medios que sin duda nos facilitan muchas cosas y podemos hacer otras tantas que antes ni pensarlo, como por ejemplo, escribir un artículo y ponerlo a disposición de todos en el espacio cibernético. Sin embargo, me parece que los adelantos nos están atrasando en nuestra humanidad; pero más que los adelantos o avances tecnológicos, es nuestra manera de utilizarlos. Todo ahora viene personal: mi computadora personal, mi reproductor de música personal, mi teléfono personal o celular, mi, mi, mi… Y digo que afecta a nuestra humanidad porque somos seres creados para el encuentro con los otros, para compartir; como sabemos desde la escuela, somos seres sociales por naturaleza; por lo cual, el encerrarse en sí mismo es una autodestrucción. No puedo entender cómo hay gente que es capaz de estar en un sitio con unos audífonos puestos, enajenados de la realidad; al igual que aquellos que están en el carro utilizando su Ipod mientras pasean con la familia; realmente están con la música, no con los suyos. Es una especie de autismo existencial, peor que el autismo que conocemos, éste último por lo menos es inculpable, producto de una enfermedad; pero el autismo existencial nace de una cierta indiferencia a lo que está alrededor, a los que están alrededor: lo cual es “inhumano”. No soy psicólogo ni experto en estos temas, sólo intento reflexionar sobre mi realidad y la de la sociedad, pero me atrevería afirmar que entre las causas de tantas enfermedades mentales, como la depresión, el suicidio y otras manifestaciones violentas, está la falta de comunicación con los demás. En una sociedad individualista no se promueve la ayuda mutua, lo que hace que quien esté triste se ahogue en su situación, con las tristes consecuencias que ello comporta; no se incentiva la comunicación, la escucha, que es propia de los seres humanos. El diálogo es posible sólo entre seres pensantes, un diálogo es el encuentro entre dos pensamientos, dos ideas, dos razonamientos. Sin diálogo surgen los problemas de incomprensión y otros, y al no tener herramientas humanas para su solución es cuando se recurre a medios inhumanos, violentos, fatales, dolorosos. Las personas necesitamos de la relación personal -valga la redundancia- con los demás. Necesitamos relacionarnos con aquellos que son semejantes a nosotros, con aquellos que creados a imagen y semejanza de Dios comparten con nosotros la verdad y sentido más profundo de nuestras vidas: estamos hechos para ser amados y amar. Es claro: si somos imagen y semejanza de Dios, que es Amor, nuestra naturaleza exige el amor, ser amados y amar. El amor con personas, con aquellos que pueden corresponder a nuestro amor, con aquellos que son nuestros hermanos, con los cuales compartimos el ser humanos, la vida, la dignidad, el fin último, esperanzas y desencantos… La comunicación, el encuentro con el otro, es para el amor como el oxígeno para el agua: sólo se ama lo que se conoce, a quien se conoce, y sólo podremos conocernos comunicándonos. Desde que nacemos estamos, queriéndolo o no, relacionados. En el momento de nuestra concepción surgió la relación padres-hijo, ¡cuánto influye en el bebé la vida y bienestar de la madre y el ambiente que le rodea durante el embarazo¡ De algún modo nos descubrimos como personas, como un yo, en la relación con otros. Ante un tú descubro que soy un yo; es indispensable para vivir comunicarnos, encontrarnos, amarnos. Sin duda necesitamos tiempo para el encuentro con nosotros mismos y con Dios a solas, pero si realmente nos encontramos con nosotros mismos y con Dios necesariamente iremos al encuentro con el otro, para compartir, atender sus necesidades. Nuestro Dios, que es una comunidad de Amor -Padre, Hijo y Espíritu Santo- nos invita a vivir su vida, que es una de comunicación y de entrega de sí mutua y total. Quien lea esto puede pensar que exagero un poco lo de las computadoras portátiles en el restaurante, pero no, pues me he dado cuenta que padezco también de autismo existencial. Muchas veces no disfruto de los que están conmigo, de la familia y los amigos, pues incluso durante aquella cena me fijé más en la otra mesa que en los que estaban conmigo, y sin duda me perdí la compañía de los que me “acompañaban”.
Por: Arnaldo Ortiz Dominicci - Seminarista de la Diócesis de Ponce
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